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LAS DEFENSAS PSICOLÓGICAS


Defensas psicológicas

Las defensas psicológicas son un tipo de respuestas ante situaciones con dificultad de manejo y que tienen su origen en experiencias que la persona no pudo asimilar o digerir en su momento. Su función es protegernos ante realidades a las que no podemos hacer frente porque generan demasiado malestar.

Por lo general, las defensas psicológicas son automatismos que no surgen de una decisión reflexiva. El individuo no es consciente de ellas (al menos, totalmente) ni las activa voluntariamente. Se van construyendo desde la infancia y son eficaces a corto plazo para poder seguir funcionando en el día a día pero a medio-largo plazo suelen interferir enormemente en la calidad de vida de las personas y en el proceso terapéutico.

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Por lo tanto, parte de la terapia se fundamenta en que el paciente comience a ser consciente y comprenda sus defensas psicológicas: por qué están ahí, qué función han tenido a lo largo de su vida y de qué le están protegiendo de una manera no del todo adaptativa. Todo ello, con la intención de desmontarlas si queremos tener verdadero acceso al material almacenado disfuncionalmente en las redes de memoria.

Defensas psicológicas más frecuentes en Trauma Complejo

  • COMPLACER: es un modo de evitar el conflicto, intentando tener a todo el mundo contento. El principal problema de esta defensa es que el bienestar emocional de los demás no depende de nosotros, sino que depende en gran medida de lo que ellos hacen con sus vidas. El conflicto también forma parte de la vida, queramos o no. Además, es frecuente que, al tratar de evitar el conflicto, finalmente el cúmulo de emociones negativas lleve a acabar siendo desagradable u hostil con los demás. O para evitar esta reacción, vuelquen esa agresividad hacia sí mismos.
  • IDEALIZACIÓN: es una “pantalla” que nos impide ver y aceptar a los demás como son. Nadie puede competir con la imagen idealizada que, más tarde o temprano, dará lugar a decepción. El paciente también se puede idealizar a sí mismo,intentando escapar de la infravaloración. Este ensalzamiento artificial de uno mismo no permite al individuo tomar contacto con sus recursos internos y su verdadero valor como persona. Por ejemplo, sin caer en el lado de la psicopatología, durante el enamoramiento las parejas suelen idealizarse mutuamente teniendo más peso los atributos positivos que los defectos.
  • PROYECCIÓN: permite que la persona se desprenda de su malestar y todo aquello que lo está provocando y lo coloque fuera de sí misma. Por ejemplo, una persona que se siente enfadada puede buscar intencionalmente un encontronazo hasta que surge el conflicto. Tras ello, analiza la situación omitiendo su parte de responsabilidad y solo narrando lo que la otra persona le ha dicho, incluso percibiendo el enfado de la otra persona como sin motivo aparente.
  • EVITACIÓN: si algo me genera malestar, no me enfrento a ello. Cuando decido esto, siento un alivio inmediato pero al volver a enfrentarme a la misma situación o una similar, el malestar el aún mayor (Teoría de la incubación de la ansiedad de Eysenk). La evitación es una trampa que provoca exactamente aquello que queremos evitar. Por ejemplo, ante la pérdida de un ser querido es frecuente que la persona llene su agenda de actividades para “no conectar”, no pensar en esa pérdida y lo dolorosa que resulta.
  • VER PEGAS EN TODO; “SÍ, PERO…”: centrarse en lo que va mal, en lo difícil que resultan las cosas o en por qué una opción nueva no va a funcionar, no dar cabida a soluciones posibles… Sirve para protegerse del riesgo que supone intentar algún tipo de cambio en la vida. El temor subyacente puede no ser únicamente el miedo al fracaso o al cambio, sino el miedo a dejarse ayudar porque significa establecer vínculos y mostrarse vulnerables. Cuando los vínculos del pasado fueron dolorosos, sentirse vulnerable puede activar el temor a ser dañado de nuevo.
  • RACIONALIZACIÓN: ocurre cuando la persona se “queda en la cabeza” y hace todo tipo de interpretaciones de lo que lle llega (de sus emociones y sensaciones) pero no se permite realmente conectar con lo ocurrido. Así, el paciente puede hacer largos y elaborados análisis de lo que le ocurre, pero realmente no hay una verdadera toma de conciencia.
  • MINIMIZACIÓN: las experiencias se reconocen pero se relativizan. El paciente no puede asumir la realidad que ha vivido o que vive y le resta importancia a los hechos. Por ejemplo, “a veces se pone agresivo/a pero en realidad es buena persona y no quiere hacer daño”. Otras veces la minimización está asociada a la desconexión emocional. Así, el paciente no tiene consciencia de la carga de malestar asociada a determinados recuerdos, está parcial o totalmente desconectado de él. Puede contar experiencias terribles afirmando “eso lo tengo totalmente superado”.

¿Qué tipo de defensas identificas en ti mismo en tu día a día? ¿Para qué te sirven y qué repercusión tienen en ti? La siguiente publicación complementará la información con el resto de defensas psicológicas.

 

Andrea Figar Álvarez

Psicóloga