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Caja de Arena: terapia de juego


Caja de arena: origen y funcionamiento

La caja de arena es un instrumento terapéutico desarrollado por la pediatra y psiquiatra inglesa Margaret Lowenfeld (1890-1973), quien descubrió cómo, a partir de un juego que integra la experiencia táctil con la arena, el agua y los juguetes en miniatura, el niño o adulto se contacta con una parte de su pensamiento, de su mundo emocional y del recuerdo de experiencias vividas. A través del mundo que construye en ese escenario el paciente, exhibe su mundo interior y exterior, y se torna en disponible para su propia observación.

El paciente, para poder expresarse, depende de espacios concretos que, como la caja de arena, le permitan tener la sensación de estar solo consigo mismo, al tiempo que, lo inaceptable, negativo o desagradable de su ser, es puesto sobre algo tangible. Allí se encuentran, tanto el interior como el exterior de sí mismo, compartido con el terapeuta. Una de las orientaciones básicas es un espacio libre y protegido, donde pueda sentirse seguro, tranquilo y sin interrupciones producto de influencias externas

El terapeuta cumple la función de observador, de acompañante silencioso y promueve el establecimiento de una relación empática con el paciente, que le permite expresarse sin temor a ser juzgado ni de recibir órdenes del terapeuta.

caja de arena

 

¿De qué se compone la caja de arena?

Las figuras en miniatura deben, según Pattis (2011), ofrecer objetos comunes a la cultura, a la vez que desconocidos. Se recomienda que haya muñecos suficientes, de manera que el paciente no experimente sensaciones como pobreza y escasez, pero con la precaución de no ofrecer demasiados, de tal manera que lo saturen, le inhiban y se dificulte su elección y ubicación.

Es decir, se debe presentar al paciente los objetos necesarios en la caja de arena para que, con ellos, pueda representar su mundo, en pequeña escala. Debe haber figuras que representen elementos de la naturaleza, como plantas, animales domésticos y salvajes que sean terrestres, o bien aéreos y acuáticos, así como objetos inanimados, como piedras, conchas o trozos de madera; personas de diferentes sexos, razas, edades y profesiones. Viviendas con todos los elementos necesarios; figuras bélicas, como pistolas, aviones de guerra, cuchillos, lanzas, entre otros; figuras fantásticas temibles y siniestras: ataúdes, esqueletos, la Muerte, el Infierno, espíritus, monstruos, brujas o magos y figuras de las diversas religiones. También, se pueden añadir otros objetos, como bolas de cristal, tornillos, tapas, botones, retazos de tela, o cosas pequeñas, sin una forma específica, que le permitan al paciente representar lo que su estado mental demande en la caja de arena.

 

¿Cómo interpretamos lo representado en la caja de arena?

Para interpretar las escenas, es necesario tener en cuenta tanto la historia personal y clínica del paciente como su situación actual. También debe registrarse lo que verbaliza, su interacción con el terapeuta, estados de ánimo y comentarios mientras trabaja con la arena. Cuando plasma una escena sobre la arena hay que observar su impacto en el paciente y en el terapeuta, pero su significado se amplía si, además, se tiene en cuenta la manera cómo se utilizó el espacio, la arena y los sentimientos que florecieron en el momento del contacto con ella, el uso de los objetos, los colores predominantes, el significado simbólico de las figuras y la naturaleza dinámica o estática de las escenas (Kalff, 2007).

Bajo el esquema Junguiano la interpretación le permite al terapeuta comprender el juego y el estado emocional de su paciente, pero no se le comunica lo hallado, pues esto podría limitar su expresión, e impediría la apertura que tanto se busca.

 

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Andrea Figar Álvarez

Psicóloga