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Enfermedad y Espiritualidad


Estoy convencido de que toda enfermedad tiene un sentido, como cada circunstancia, cada situación importante que atravesamos.

Como decía A. Einstein: “Dios no juega a los dados”.

Llamamos azar a aquello que no conocemos, que no comprendemos.

La soberbia, la vanagloria y el miedo nos hacen rechazar, atacar o despreciar aquello que no entendemos, que no sabemos manejar o que nos lleva a pensar en lo insignificantes, lo vulnerables y lo reducidos que somos cuando estamos aislados.

No estaremos a salvo de la enfermedad hasta que todo ser humano esté libre de ella, porque nuestros síntomas, nuestros síndromes y enfermedades no nos pertenecen sólo a nosotros, sino también a los que nos rodean, porque todo en la vida son lecciones y oportunidades y lo que nosotros vivimos y cómo lo vivimos repercute en los otros y puede contener un mensaje importante para quien está a nuestro lado porque como se dice en la Biblia: “Los caminos del Señor son inescrutables”.

El dolor y la enfermedad son oportunidades para desarrollar la empatía hacia esos otros que están pasando por lo que nosotros o algo similar.

Comprender la lección que se esconde detrás de cada dolor, de cada enfermedad es muy útil para superar dicho malestar.

 Pablo Pérez, Psicólogo

Oviedo y Gijón, Asturias

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