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Conducta suicida en adolescentes: condicionantes sociales y sucesos vitales negativos.


 

LA CULTURA DE LAS TRES PANTALLAS: los niños y adolescentes crecen hoy rodeados de imágenes (ordenador, videojuegos y tele). Ello supone que tienen una menor necesidad de crear imágenes, porque ya están creadas, disponibles (al contrario que una obra de literatura o un juego tipo “ladrones y policías”, para cuyo mayor disfrute uno debe ir construyendo imágenes y escenarios mentales). Esto, en relación con recientes investigaciones en las que se muestra que las personas que piensan más en palabras presentan menor activación somática, en particular para la ansiedad, se conectan menos con la situación temida y escapan a través de este posible mecanismo de evitación, estas personas, adolescentes en nuestro caso, serían más propensos a acumular sus traumas, precisamente debido a la evitación del afrontamiento y a la reducida capacidad para producir imágenes, por mero desuso. La evitación de los estímulos potencialmente traumáticos o activadores, la acumulación de situaciones livianas e importantes sin resolver, la experiencia de una baja capacidad para resolverlas (imaginación pobre, actitud desajustada, escaso éxito e implicación y débil creencia en las propias capacidades), y el distrés provocado por las rumiaciones y preocupaciones, podrían propiciar esta última y desesperada conducta de huida de los problemas para los que no se encuentra solución y que se vuelven insoportables, que es el acto suicida.

 

 

PAPÁ Y MAMÁ TRABAJAN FUERA: esta situación cultural generalizada y normalizada hoy día, y escasamente acontecida en la historia de nuestra especie, genera que el niño, incluso bebé, sea llevado a guarderías y demás, y se le obligue a separarse de su madre desde su más temprana infancia, en muchos casos a los dos meses, cuando se termina la baja por maternidad de esta. Esta situación que no se observa en ningún otro homínido y que es rara avis en la historia humana, tiene la capacidad de generar un vinculo inseguro en el niño (no necesariamente, pero si lo facilita), con lo que el desarrollo de la corteza orbitofrontal será deficiente, la regulación del sistema limbito inadecuada y las estrategias de coping o afrontamiento, quedarán disminuidas y desajustadas. Por esto las situaciones diarias en general, y las más importantes en particular, podrán ser vividas con un estrés elevado por parte del niño, lo que le generará angustia e incomodidad ante las situaciones nuevas, propiciando la asociación entre situación nueva y peligro-amenaza (con la sobreactivación de la respuesta de estrés correspondiente), con lo que su actitud quedará condicionada hacia y por el mal afrontamiento de las situaciones nuevas. Esto entorpecerá en el niño la superación incluso de los pequeños problemas y cambios de su vida, y hará propias del niño las actitudes que tan bien se definen por “hacer una montaña de un grano de arena” o “ahogarse en un vaso de agua”. Todo esto tiende a propiciar un aumento de las huidas finales y fatales que son los actos suicidas.

 

LA TENDENCIA ACTUAL A NO DARLE EL PECHO AL BEBÉ POR CUESTIONES ESTÉTICAS O DE HORARIOS Y EL QUE DUERMA EN UNA HABITACIÓN DISTINTA DE LA MADRE DESDE RECIÉN NACIDO también pueden muy bien generar un apego inseguro, además de deficiencias en el desarrollo del sistema nervioso en general y del sistema límbico en particular (cortisol, catecolaminas), con la consecuente disminución de las capacidades de coping. Esto puede llevar a la misma espiral antes descrita: suceso negativo, incapacidad para afrontarlo, huida; acumulación de sucesos negativos, incapacidad insoportable, huida fatal y definitiva (suicidio).

 

 

 

 

 

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