Category : Espiritualidad

Vidas Pasadas: Traumas y Regresiones


Cuando oigo hablar de la existencia de vidas pasadas, de “yo” he existido antes, en otro  momento, en otro lugar, con otro nombre, otras ocupaciones, etc., siento que muchas veces está hablando el “ego” de la persona, un falso yo, esa reducida parte de nosotros mismos que tiene miedo a no ser, a dejar de ser, y que se ensalza a sí mismo, se convierte en el mayor admirador de sí mismo.

Es como la tubería por la que pasa el agua: el ser actual con su cuerpo físico, sus ocupaciones, sus circunstancias, es la tubería. Y el agua es la esencia, la naturaleza crística o búdica (o como queramos llamarla, ese Racimo de la Gran Parra) que hay en nosotros, lo que no perece, lo que encarna una y mil veces y busca el mar, busca la unión con el Todo, la conciencia cósmica, la comunión universal.

El ego nos lleva a creer que “yo, tubería” he sido otras tuberías, otros conductos por los que ha pasado el agua, que he tenido otras muchas existencias anteriores, que siempre he existido y siempre existiré.

Y lo que está sucediendo es que el agua, que todo lo conoce, que es la verdadera esencia, eterna y perfecta, guarda un recuerdo de aquellos otros conductos por los que ha pasado y, por similaridad con aquellos, la tubería que hoy soy accede a esa memoria del agua y se cree que esa memoria es suya, que son recuerdos propios, que ha sido otras tuberías.

Lo más a lo que una tubería puede aspirar es a darse cuenta de que el agua está ahí queriendo pasar a través suyo, y el agua ama con su caricia, con su leve contacto, y el agua pide paso, pide atención, te da la oportunidad de contenerla, de saborearla, el agua no quiere ser nada porque ya es, no quiere llegar a ningún lado porque ya está en todos lados, sólo quiere darte la opotunidad a ti tubería de conocerla, y a través del esfuerzo por dejarla fluir, del contacto con ese pequeño chorro de agua, te permite conocer el mar, todo el agua del mundo, el agua de cada célula viva, de cada nube, te permite fundirte con ella y ser todo.

Y cuando tus células de tubería se vuelvan inservibles, si sólo has mirado al exterior contemplando el paisaje, bebiendo hasta hartarte, pavoneándote soberbio, creyendo que el agua te pertenece, sin pararte a pensar de dónde viene y a dónde va, y qué quiere el agua de mí, qué sentido tiene que pase a través de mí cuando puede pasar por todos lados, por el aire, por el suelo… mis dehechos yacerán a un lado del camino, querré llorar pero no podré porque estaré seco.

Pero  si te vuelves a conocer el agua, lo amas y te fundes con él, agradeciéndole cada minuto de su contacto, la degradación de tu carcasa de tubería te importará cada día menos, porque cada día serás más el agua, y serás tubería mientras te toque serlo, con abnegación, con devoción, porque sabrás cuál es tu función y qué maravilloso sentido tiene tu forma actual de tubería, pero sabrás que tu corazón es de agua y no de plástico, que tu alma está en el agua, que lo que llamamos tubería no es sólo el plástico de fuera sino también el agua de dentro. Y cuando el tubo esté inservible, lo deshecharás como una camisa vieja, agradeciéndole su aporte, y entonces dejarás completamente de ser tubo y serás solamente agua. Como tubería has contribuído a regar el mundo y como agua no puedes tener sed, nunca te secarás.

Algunas personas me han consultado por traumas en vidas pasadas queriendo hacer regresiones a esas vidas para curar esos traumas.

Cuando hablamos de traumas de vidas pasadas creo que puede estar sucediendo lo siguiente: Continúa en : http://www.akapsico.com/2012/09/traumas-psiquicos-de-vidas-pasadas-o-traumas-psiquicos-auto-existentes/

Pablo Pérez: Psicólogo, Psicoterapeuta

Oviedo y Gijón, Asturias

Enfermedad y Espiritualidad


Estoy convencido de que toda enfermedad tiene un sentido, como cada circunstancia, cada situación importante que atravesamos.

Como decía A. Einstein: “Dios no juega a los dados”.

Llamamos azar a aquello que no conocemos, que no comprendemos.

La soberbia, la vanagloria y el miedo nos hacen rechazar, atacar o despreciar aquello que no entendemos, que no sabemos manejar o que nos lleva a pensar en lo insignificantes, lo vulnerables y lo reducidos que somos cuando estamos aislados.

No estaremos a salvo de la enfermedad hasta que todo ser humano esté libre de ella, porque nuestros síntomas, nuestros síndromes y enfermedades no nos pertenecen sólo a nosotros, sino también a los que nos rodean, porque todo en la vida son lecciones y oportunidades y lo que nosotros vivimos y cómo lo vivimos repercute en los otros y puede contener un mensaje importante para quien está a nuestro lado porque como se dice en la Biblia: “Los caminos del Señor son inescrutables”.

El dolor y la enfermedad son oportunidades para desarrollar la empatía hacia esos otros que están pasando por lo que nosotros o algo similar.

Comprender la lección que se esconde detrás de cada dolor, de cada enfermedad es muy útil para superar dicho malestar.

 Pablo Pérez, Psicólogo

Oviedo y Gijón, Asturias

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