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Pánico y Agorafobia


La agorafobia es el miedo y comportamiento de evitación hacia lugares y/o situaciones en que resulte difícil o embarazoso escapar o recibir ayuda en caso de experimentar un ataque de pánico o crisis de angustia (“ataque de pánico” y “crisis de angustia” son dos maneras de referirse a lo mismo; anteriormente la denominación oficial era “ataque de pánico” y hoy es “crisis de angustia”).

La Agorafobia puede desarrollarse posteriormente a los ataques de pánico o sin ellos.

Cuando la Agorafobia se desarrolla tras ataques de pánico podemos entenderla como una manera de evitar esas situaciones de pánico/angustia. Como en cualquier fobia, la tendencia para evitar aquello temido es huir. Uno tiende a evitar o huir de lugares públicos como el hipermercado, el cine o eventos multitudinarios. También tiende a no querer alejarse de casa.

Pánico/Angustia y Agorafobia son conceptos y manifestaciones sintomáticas que solemos encontrar juntas. La Agorafobia puede ser una consecuencia del pánico (una tendencia a huir de los lugares y situaciones donde uno experimentó el pánico/angustia), pero también puede ser consecuencia de otros traumas distintos de los ataques de pánico/angustia (debido a que durante la crisis de angustia/ataque de pánico uno puede llegar a sentir peligro de su propia vida, así como otros síntomas con gran intensidad, cada ataque de pánico constituye un trauma en sí mismo, según la definición oficial de trauma: cualquier evento que represente una amenaza para la integridad física/psíquica/social de uno mismo o de otros). Así que si bien un ataque de pánico constituye un trauma en sí mismo y puede generar Agorafobia como consecuencia de dicho trauma (y todos los trastornos de Ansiedad son derivados de traumas), la Agorafobia también puede ser una manifestación de un trauma de distinta índole.


Pablo Pérez García
Psicólogo, Col.: O-02138
Experto en Psicopatología Y Salud
pablo@akapsico.com
Teléfono: 629 835 699

MÉTODO TRADICIONAL CHINO PARA PRESERVAR LA SALUD DE NUESTROS MAYORES


El guijarro es una piedra normal en China. Según la teoría de la Medicina Tradicional China, la superficie dispareja de esta piedra puede estimular los puntos acupunturales de las plantas de los pies. Esta comprensión es similar a la de la acupuntura y la moxibustión. Significa que muchas partes del cuerpo humano, distantes o cercanas unas de otras, están conectadas por los acupuntos, y que el estímulo aplicado en ellos ayuda a mejorar el ánimo y la salud de la persona.
Los caminitos empedrados con grava favorecen todavía más la salud y contribuyen a bajar la presión sanguínea. Un nuevo logro del estudio muestra que tras andar sobre estos caminos 30 minutos a diario durante cuatro meses seguidos, las personas mayores de 60 años han bajado su alta presión considerablemente y elevado mucho su capacidad de equilibrio corporal y coordinación de las acciones.

Después de observar a chinos andando y desandando caminos empedrados tradicionales a modo de ejercicio físico, los científicos estadounidenses efectuaron una investigación durante 16 semanas y el resultado fue una gran sorpresa. Descubrieron que los voluntarios ofrecidos a la práctica habían bajado de presión sanguínea y habían disminuido su peso notablemente.

Además, el personal llevó a cabo un experimento de simulación. Hicieron andar y desandar descalzos a un grupo de voluntarios sobre un colchón de seis pies de largo por 1,5 de ancho y cubierto de guijarros redondos. Mientras tanto, el otro grupo de voluntarios, quienes también llevaban calcetines, caminó en un espacio sin colchón.

Tras finalizar el ejercicio, casi todos los 108 voluntarios manifestaron que se sentían mejor. Sin embargo, la mitad de ellos, los que caminaron sobre el colchón con guijarros, habían mejorado mucho su equilibrio y flexibilidad del cuerpo y su presión sanguínea.

El neurofisiólogo de la Universidad de Ciencias Sanitarias de Oregón, Faye Holyoake, expresó que el estudio ha dado apoyo a la opinión de que mantener la flexibilidad del cuerpo y su capacidad de equilibrio ayuda a postergar y prevenir el envejecimiento. Declaró: “Este método eleva el equilibrio corporal, lo cual no me extraña nada. Un cúmulo de evidencias indica que quienquiera que ose desafiar elevará su capacidad de equilibrio”. He aquí su explicación: El equilibrio del cuerpo depende de dos sistemas complicados: uno es el del vestíbulo del oído interior, y el otro es el de la percepción corporal apoyada en la conexión de la piel con los huesos y la carne. En circunstancias normales, el equilibrio depende de este sistema en el 70% y de aquél en el 30%. Pero cuando el camino no es nivelado o es disparejo, la persona depende más del sistema del vestíbulo del oído interior, hasta en el 70%. Holyoake añadió: “Este método beneficia mucho a los ancianos; pues a medida que crece la edad, el receptor del sistema del vestíbulo del oído se va dañando. Sin embargo, cuando uno anda con frecuencia sobre caminos no planos o disparejos, en realidad está usando ese sistema y, por tanto, está mejorando su función.

Fuente: spanish.china.org.cn (23/06/2008)

Estrés diario y estrés crónico


Cuando las contrariedades ocurren frecuentemente a lo largo del día y de la semana, pasan a tener gran impacto sobre el individuo, ya que una tras otra se van acumulando y sus efectos se van sumando hasta llegar a provocar graves deterioros en la conducta. Este cúmulo de contrariedades lo puede percibir el individuo como estrés diario.

 

Aunque los efectos sobre la salud  de estos estresores diarios o contrariedades parecen obvios por su cercanía en el tiempo y porque su significado es bastante puntual y claro, cuando estas vivencias de estrés diario están asociadas a situaciones concretas, si el contexto es frecuentemente el mismo y la persona carece de capacidades de afrontamiento efectivas, el malestar que ocasiona el enfrentarse a estas situaciones a diario es grande, y la persona precisa de experiencias positivas compensatorias para reducir el estrés que le generan. Si carece de ellas, la continuidad de estas situaciones cronifica la respuesta de estrés y los efectos sobre la salud y el bienestar se multiplican.

 

Hay investigaciones que relacionan peores niveles de salud con experiencias previas vividas como contrariedades. Las contrariedades también se relacionan con la enfermedad de Crohn (este proceso inflamatorio crónico, con dolor intestinal, diarrea, vómitos y nauseas, condiciona en el individuo que lo sufre un estado de ánimo más negativo, que a su vez repercute en sus actitudes hacia sí mismo, hacia la enfermedad y hacia los demás, que acentúan la percepción de amenaza y estrés de manera estable), con el síndrome de intestino irritable (que con su alta prevalencia y el tratamiento medico sintomático que recibe, también lleva a esa actitud de recelo, cinismo e irritabilidad emocional que tanto se relaciona con la agresividad y el estrés crónico), con la artritis reumatoide y las migrañas (el padecimiento de estos trastornos condiciona una actitud más negativa y tendente al estrés y la hostilidad como rasgo), con la enfermedad arterial coronaria y respuestas cardiovasculares acentuadas (directamente relacionadas con la respuesta de estrés), y con, en general, mayor riesgo de padecer enfermedades infecciosas y un decremento en la efectividad del sistema inmune que traen consigo una pérdida de calidad de vida y bienestar que tiende a sesgar las actitudes y conductas del individuo hacia la desconfianza, el cinismo, la hostilidad, negativismo, etc., que tanto acentúan el carácter tendente al estrés crónico.  

 

 

Cuando los sucesos diarios vividos como contrariedad son recurrentes, tienden a producir una cronificación del estrés. La diferencia entre entender, por ejemplo, que mi relación de pareja es mala y me está produciendo una situación de estrés crónica, o pensar en que no soporto ciertas actitudes y costumbres de mi mujer, que son puntuales pero que se dan varias veces a lo largo del día y día tras día, recurrentemente, puede ser muy relativa y subjetiva para la persona que lo sufre, y difícil de establecer para el profesional que debe hacer un diagnóstico diferencial entre ambas.

 

La sobrecarga laboral que puede provocar una situación crónica de estrés, a su vez provocará distintas situaciones estresantes como encargos que uno no tiene tiempo a llevar a cabo debido a esa sobrecarga laboral y que pueden ser conceptuados como estresores diarios, pero vinculados a una situación de estrés crónico. De manera que las contrariedades diarias pueden llegar a generar un estrés crónico si se repiten una y otra vez en el tiempo, y una situación vivida como  estresante que se repite y genera un estrés crónico puede manifestarse a través de distintos sucesos puntuales diarios o contrariedades.

 

Tanto los estresores diarios puntuales como los estresores crónicos, dependen en buena parte de la conceptualización que el individuo hace del hecho o de la situación y de los recursos de afrontamiento que posee, que a su vez vienen marcados por las experiencias anteriores y las relaciones tempranas. De modo que el hecho de vivir como contrariedades ciertos sucesos cotidianos y como estresantes ciertas condiciones de vida, igual que tiene un componente objetivo (el ruido o la contaminación son dañinas en sí y empobrecen la calidad de vida), también tiene uno subjetivo y que puede, en muchos casos, ser el mismo los dos casos. No poder superar, por ejemplo, el trato  desconsiderado de un compañero de trabajo, con estrategias como son el ignorar sus comentarios, la paciencia, la alianza con otros compañeros, el contraataque, etc. que se percibe manifiestamente, es una fuente de estrés crónico que genera, a su vez, situaciones diarias potencialmente estresantes. Un trauma relacional temprano o un vinculo inadecuado con el cuidador primario generará un deficiente desarrollo de las estrategias de coping, derivadas de una regulación emocional poco adaptativa, lo cual permite que el mal carácter de un compañero (que ni siquiera ha de ser tal, puede ser nuestra propia percepción sesgada por nuestras experiencias negativas la que nos haga verle de esa manera) nos genere una respuesta de estrés o distrés altamente perturbadora.

 

Por otro lado, el rebosamiento del estrés, debido a una situación de estrés crónica, puede llevar a focalizar la atención en las características negativas de las situaciones diarias, así como a interpretarlas de una manera aun más negativa, pasando a vivir situaciones triviales diarias (un atasco, por ejemplo) como contrariedades, de manera que el verdadero estresor queda enmascarado por una especie de acting en el que uno se queja de algo que tiene poca importancia o carece de ella, para así desplazar su atención y esfuerzo de la situación que primariamente le está provocando el malestar, y que es mucho más importante, precisa de más esfuerzo y genera más miedo y evitación, a otra secundaria (este es un mecanismo que tiene mucho que ver con los rasgos obsesivos y fóbicos). Esta situación de rebosamiento bien puede venir debida a experiencias anteriores negativas y vínculos tempranos inadecuados, que limitan al individuo para afrontar y resolver sus problemas, tomando como salida el desplazamiento hacia cuestiones secundarias.