Hostilidad y enfermedad
Las personas con alta hostilidad responden a gran variedad de estímulos con elevada reactividad simpática, que genera mayor actividad cardiovascular y endocrina. Ambas sobreactivaciones aumentan la posibilidad de sufrir arteriosclerosis. La arteriosclerosis o estrechamiento de las arterias puede ser producida por ambos fenómenos, uno mecánico (presión sanguínea) y otro bioquímico (adrenalina, noradrenalina, cortisol). El síntoma más común de la arteriosclerosis es la angina de pecho, debido a que no llega suficiente sangre al corazón. También hay posibilidad de trombosis.
Además la hostilidad va acompañada de la emoción de ira, que por si sola ya genera inhibición parasimpática, con lo que el sistema inmunológico pasa a funcionar deficientemente y, en general, todos los procesos de recuperación del organismo destinados a preservar la homeostasis o equilibrio general del organismo. De este modo la persona hostil e iracunda es más susceptible a padecer enfermedades.
La hostilidad genera cinismo (los demás son percibidos como egoístas e interesados), desconfianza y denigración del otro. Este sesgo cognitivo condiciona la motivación para establecer vínculos sociales, que disminuye, y moldea el estado anímico con que nos acercamos a los demás: más desconfiado, más cínico. Esto provoca por sí mismo un deterioro de la calidad de la relación, con el consiguiente rechazo del otro. Todo ello reduce el apoyo social para la persona hostil, y cuando vive conflictos emocionales o pasa por problemas carecerá o desaprovechará las muestras de afecto y apoyo, que tan buen resultado dan para resolver problemas. Consiguientemente, los estados anímicos de la preocupación (pensamiento displacentero hacia el futuro) y la rumiación (pensamiento displacentero hacia el pasado) se alargarán y se harán más profundos al no verse beneficiados por el apoyo social. Así estos trances de bajo bienestar se dilatan y agravan, y disminuyen los niveles de salud en general.
La hostilidad parece producir una disminución de la salud de manera indirecta a través de la potenciación de hábitos insanos, tales como fumar, beber alcohol o comer en exceso.
La focalización de la atención en el cinismo, la desconfianza, etc. provoca un mayor acercamiento a estímulos de este tipo, con lo que la persona se ve envuelta en sucesos vitales estresantes más a menudo, lo cual, pronunciado por la falta de apoyo social, aumenta los perjuicios en salud.
La hostilidad, al generar peores estrategias de afrontamiento (pesimismo, centrado en las emociones, etc.) también puede incrementar el riesgo de padecer ansiedad y depresión que, además de su gravedad intrínseca, pueden generar otros trastornos para la salud.
La hostilidad también produce un incremento de las emociones negativas, que por si solas producen mayor reactividad fisiológica con la consiguiente perdida de homeostasis.

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Monday, July 21st, 2008 at 5:50 pm under
