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14 Jul

Estrés diario y estrés crónico

Estrés

Cuando las contrariedades ocurren frecuentemente a lo largo del día y de la semana, pasan a tener gran impacto sobre el individuo, ya que una tras otra se van acumulando y sus efectos se van sumando hasta llegar a provocar graves deterioros en la conducta. Este cúmulo de contrariedades lo puede percibir el individuo como estrés diario.

 

Aunque los efectos sobre la salud  de estos estresores diarios o contrariedades parecen obvios por su cercanía en el tiempo y porque su significado es bastante puntual y claro, cuando estas vivencias de estrés diario están asociadas a situaciones concretas, si el contexto es frecuentemente el mismo y la persona carece de capacidades de afrontamiento efectivas, el malestar que ocasiona el enfrentarse a estas situaciones a diario es grande, y la persona precisa de experiencias positivas compensatorias para reducir el estrés que le generan. Si carece de ellas, la continuidad de estas situaciones cronifica la respuesta de estrés y los efectos sobre la salud y el bienestar se multiplican.

 

Hay investigaciones que relacionan peores niveles de salud con experiencias previas vividas como contrariedades. Las contrariedades también se relacionan con la enfermedad de Crohn (este proceso inflamatorio crónico, con dolor intestinal, diarrea, vómitos y nauseas, condiciona en el individuo que lo sufre un estado de ánimo más negativo, que a su vez repercute en sus actitudes hacia sí mismo, hacia la enfermedad y hacia los demás, que acentúan la percepción de amenaza y estrés de manera estable), con el síndrome de intestino irritable (que con su alta prevalencia y el tratamiento medico sintomático que recibe, también lleva a esa actitud de recelo, cinismo e irritabilidad emocional que tanto se relaciona con la agresividad y el estrés crónico), con la artritis reumatoide y las migrañas (el padecimiento de estos trastornos condiciona una actitud más negativa y tendente al estrés y la hostilidad como rasgo), con la enfermedad arterial coronaria y respuestas cardiovasculares acentuadas (directamente relacionadas con la respuesta de estrés), y con, en general, mayor riesgo de padecer enfermedades infecciosas y un decremento en la efectividad del sistema inmune que traen consigo una pérdida de calidad de vida y bienestar que tiende a sesgar las actitudes y conductas del individuo hacia la desconfianza, el cinismo, la hostilidad, negativismo, etc., que tanto acentúan el carácter tendente al estrés crónico.  

 

 

Cuando los sucesos diarios vividos como contrariedad son recurrentes, tienden a producir una cronificación del estrés. La diferencia entre entender, por ejemplo, que mi relación de pareja es mala y me está produciendo una situación de estrés crónica, o pensar en que no soporto ciertas actitudes y costumbres de mi mujer, que son puntuales pero que se dan varias veces a lo largo del día y día tras día, recurrentemente, puede ser muy relativa y subjetiva para la persona que lo sufre, y difícil de establecer para el profesional que debe hacer un diagnóstico diferencial entre ambas.

 

La sobrecarga laboral que puede provocar una situación crónica de estrés, a su vez provocará distintas situaciones estresantes como encargos que uno no tiene tiempo a llevar a cabo debido a esa sobrecarga laboral y que pueden ser conceptuados como estresores diarios, pero vinculados a una situación de estrés crónico. De manera que las contrariedades diarias pueden llegar a generar un estrés crónico si se repiten una y otra vez en el tiempo, y una situación vivida como  estresante que se repite y genera un estrés crónico puede manifestarse a través de distintos sucesos puntuales diarios o contrariedades.

 

Tanto los estresores diarios puntuales como los estresores crónicos, dependen en buena parte de la conceptualización que el individuo hace del hecho o de la situación y de los recursos de afrontamiento que posee, que a su vez vienen marcados por las experiencias anteriores y las relaciones tempranas. De modo que el hecho de vivir como contrariedades ciertos sucesos cotidianos y como estresantes ciertas condiciones de vida, igual que tiene un componente objetivo (el ruido o la contaminación son dañinas en sí y empobrecen la calidad de vida), también tiene uno subjetivo y que puede, en muchos casos, ser el mismo los dos casos. No poder superar, por ejemplo, el trato  desconsiderado de un compañero de trabajo, con estrategias como son el ignorar sus comentarios, la paciencia, la alianza con otros compañeros, el contraataque, etc. que se percibe manifiestamente, es una fuente de estrés crónico que genera, a su vez, situaciones diarias potencialmente estresantes. Un trauma relacional temprano o un vinculo inadecuado con el cuidador primario generará un deficiente desarrollo de las estrategias de coping, derivadas de una regulación emocional poco adaptativa, lo cual permite que el mal carácter de un compañero (que ni siquiera ha de ser tal, puede ser nuestra propia percepción sesgada por nuestras experiencias negativas la que nos haga verle de esa manera) nos genere una respuesta de estrés o distrés altamente perturbadora.

 

Por otro lado, el rebosamiento del estrés, debido a una situación de estrés crónica, puede llevar a focalizar la atención en las características negativas de las situaciones diarias, así como a interpretarlas de una manera aun más negativa, pasando a vivir situaciones triviales diarias (un atasco, por ejemplo) como contrariedades, de manera que el verdadero estresor queda enmascarado por una especie de acting en el que uno se queja de algo que tiene poca importancia o carece de ella, para así desplazar su atención y esfuerzo de la situación que primariamente le está provocando el malestar, y que es mucho más importante, precisa de más esfuerzo y genera más miedo y evitación, a otra secundaria (este es un mecanismo que tiene mucho que ver con los rasgos obsesivos y fóbicos). Esta situación de rebosamiento bien puede venir debida a experiencias anteriores negativas y vínculos tempranos inadecuados, que limitan al individuo para afrontar y resolver sus problemas, tomando como salida el desplazamiento hacia cuestiones secundarias.

 

 

 

 

2 Responses to “Estrés diario y estrés crónico”

  1. Jaime Says:

    Me parece muy interesante todo lo que cuentas.Tengo una pregunta…yo creo que la mayoria de la gente esperimenta algun tipo de estres de estos que comentas en algun momento de su vida.¿Como sabemos cuando necesitariamos la ayuda de un psicologo?
    Gracias por la ayuda.

  2. admin Says:

    Hola Jaime,

    Primero pedirte perdón por demorarme tanto en responder tu consulta. Trabajamos para reducir estos tiempos.

    Bien, mira: la respuesta de estrés es básica para las personas. En una situación de tensión, de peligro, la respuesta de estrés nos permite movilizar las energias de nuestro organismo. Si por ejemplo tú fueras bombero, ponte en el caso, cuando tu oyes la señal de alarma en la estación, hay un resorte dentro de ti mismo que te activa, que te centra, que te pone al nivel que necesitas en ese momento para afrontar la situación. Si cuando suena la alarma en la estación tú respondieras de la misma manera que respondes cuando oyes la voz del camarero que te pregunta qué quieres tomar, con toda tranquilidad y le echas un vistazo más a la carta… no te duraría mucho el trabajo de bombero. Cada situación requiere de un nivel de activación específico. No respondemos igual ante el sonido de un claxon cuando estamos asomados por la ventana desde nuestra casa, que cuando estamos cruzando una avenida con el semáforo en rojo y no hemos mirado si vienen autos. No repondemos igual ante el sonido de la puerta de casa que se abre si sólo yo tengo llave o si vivo con otros dos y estoy esperando a que lleguen. Estas diferencias en las respuestas le pueden servir a uno para llegar a tiempo a apagar un incendio, para soportar mejor el calor del fuego que el bombero tiene que atravesar, incluso para pegar un salto desde el primer piso de un edificio y caer al suelo como spiderman justo antes de que se derrumbe la casa, para que no nos pase por encima un camión al cruzar una avenida o para llamar a la policía cuando oimos que un ladrón está entrando en casa de noche.

    Nuestro organismo ha memorizado, tiene aprendidas ciertas respuestas asociadas a ciertas situaciones. La respuesta de estrés ante situaciones de peligro es sólo una de ellas.

    El problema viene cuando empezamos a responder con estrés ante situaciones de todo tipo, es decir, cuando la respuesta de estrés se generaliza a una amplia variedad de situaciones, o cuando se mantiene mucho tiempo después de que haya desaparecido la situación de peligro. Si respondes con estrés cuando el camarero te dice que no hay bocartes, aunque figuren en la carta, o si saltas del sofá cuando oyes la campanilla del horno como si fuera una alarma de bombardeo, o si cada vez que te llega una carta del banco, y no eres un moroso reincidente, empiezas a temblar como si te fueran a embargar la casa, si vas por la calle o estás en el trabajo y respiras como si llevaras dos kilómetros corriendo a todo lo que puedes, si tu niño se va cuatro metros de tu mano y empiezas a mirar a todos lados y con los ojos como platos te asustas como si estuvieras en una jaula con leones. Si respondes así de exageradamente ante estas situaciones rutinarias, entonces hay un problema con el estrés y es recomendable que acudas a un profesional para que te informe/asesore sobre las consecuencias dañinas de esta manera de responder, y de cómo poder cambiar este patrón de respuesta desajustado o desmedido, para que tu salud no se resienta.

    Espero haberte aclarado al menos una parte de la duda que tenías.

    De todas formas estamos en contacto a través del blog, y si lo prefieres puedes hacerme una consulta privada.

    Hasta otra Jaime. Que te vaya bien.

    Firma: Pablo.

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