Caja de Arena: terapia de juego


Caja de arena: origen y funcionamiento

La caja de arena es un instrumento terapéutico desarrollado por la pediatra y psiquiatra inglesa Margaret Lowenfeld (1890-1973), quien descubrió cómo, a partir de un juego que integra la experiencia táctil con la arena, el agua y los juguetes en miniatura, el niño o adulto se contacta con una parte de su pensamiento, de su mundo emocional y del recuerdo de experiencias vividas. A través del mundo que construye en ese escenario el paciente, exhibe su mundo interior y exterior, y se torna en disponible para su propia observación.

El paciente, para poder expresarse, depende de espacios concretos que, como la caja de arena, le permitan tener la sensación de estar solo consigo mismo, al tiempo que, lo inaceptable, negativo o desagradable de su ser, es puesto sobre algo tangible. Allí se encuentran, tanto el interior como el exterior de sí mismo, compartido con el terapeuta. Una de las orientaciones básicas es un espacio libre y protegido, donde pueda sentirse seguro, tranquilo y sin interrupciones producto de influencias externas

El terapeuta cumple la función de observador, de acompañante silencioso y promueve el establecimiento de una relación empática con el paciente, que le permite expresarse sin temor a ser juzgado ni de recibir órdenes del terapeuta.

caja de arena

 

¿De qué se compone la caja de arena?

Las figuras en miniatura deben, según Pattis (2011), ofrecer objetos comunes a la cultura, a la vez que desconocidos. Se recomienda que haya muñecos suficientes, de manera que el paciente no experimente sensaciones como pobreza y escasez, pero con la precaución de no ofrecer demasiados, de tal manera que lo saturen, le inhiban y se dificulte su elección y ubicación.

Es decir, se debe presentar al paciente los objetos necesarios en la caja de arena para que, con ellos, pueda representar su mundo, en pequeña escala. Debe haber figuras que representen elementos de la naturaleza, como plantas, animales domésticos y salvajes que sean terrestres, o bien aéreos y acuáticos, así como objetos inanimados, como piedras, conchas o trozos de madera; personas de diferentes sexos, razas, edades y profesiones. Viviendas con todos los elementos necesarios; figuras bélicas, como pistolas, aviones de guerra, cuchillos, lanzas, entre otros; figuras fantásticas temibles y siniestras: ataúdes, esqueletos, la Muerte, el Infierno, espíritus, monstruos, brujas o magos y figuras de las diversas religiones. También, se pueden añadir otros objetos, como bolas de cristal, tornillos, tapas, botones, retazos de tela, o cosas pequeñas, sin una forma específica, que le permitan al paciente representar lo que su estado mental demande en la caja de arena.

 

¿Cómo interpretamos lo representado en la caja de arena?

Para interpretar las escenas, es necesario tener en cuenta tanto la historia personal y clínica del paciente como su situación actual. También debe registrarse lo que verbaliza, su interacción con el terapeuta, estados de ánimo y comentarios mientras trabaja con la arena. Cuando plasma una escena sobre la arena hay que observar su impacto en el paciente y en el terapeuta, pero su significado se amplía si, además, se tiene en cuenta la manera cómo se utilizó el espacio, la arena y los sentimientos que florecieron en el momento del contacto con ella, el uso de los objetos, los colores predominantes, el significado simbólico de las figuras y la naturaleza dinámica o estática de las escenas (Kalff, 2007).

Bajo el esquema Junguiano la interpretación le permite al terapeuta comprender el juego y el estado emocional de su paciente, pero no se le comunica lo hallado, pues esto podría limitar su expresión, e impediría la apertura que tanto se busca.

 

Artículo relacionado: EL reflejo de la realidad interna en el juego

 

Andrea Figar Álvarez

Psicóloga

PSICOSIS Y EXPERIENCIAS TRAUMÁTICAS


Psicosis y trauma psicológico

Un gran número de estudios han destacado el papel de experiencias traumáticas tempranas como factor predisponente importante para una gran variedad de trastornos psicopatológicos como trastornos del estado de ánimo y de ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos de la personalidad, trastornos disociativos, trastornos por abuso de substancias y psicosis (MacMillan et al., 2001; Nelson et al., 2002; Pereda, Gallardo-Pujol y Jiménez Padilla, 2011; Read y Bentall, 2012). Respecto a la psicosis, las experiencias traumáticas han sido consideradas como uno de los factores predisponentes y/o precipitantes en el desarrollo de un psicosis en personas con vulnerabilidad.

psicosis

Estudios de la relación entre trauma y psicosis

Concretamente, como muestra de la asociación entre psicosis y experiencias traumáticas, Varese y colaboradores (2012) llevaron a cabo un exhaustivo meta-análisis en el que combinaron un total de 36 estudios (18 caso- control, 10 prospectivos y 8 con población general), incluyendo aproximadamente a unos 80.000 individuos. La psicosis se definía como la presencia de experiencias psicóticas atenuadas o como trastornos psicóticos. Por lo que se refiere a las experiencias traumáticas infantiles, contemplaron abusos sexuales, psicológicos o emocionales, negligencia, bullying y fallecimiento de los padres, ocurridos antes de los 18 años, encontrando una relación significativa entre la presencia de dichas experiencias y la psicosis (odds ratio =2.78).

En nuestro país, destaca el estudio llevado a cabo por Álvarez y colaboradores (2011), donde analizaron la prevalencia de experiencias traumáticas infantiles en 102 pacientes con trastorno mental grave (esquizofrenia, trastorno bipolar y trastorno esquizoafectivo), encontrando que casi la mitad de los pacientes (47.5%) había sufrido abusos en la infancia. Así, el 22% de los hombres y el 18% de las mujeres referían abusos físicos, y el 28% y 42% respectivamente informaban de abusos sexuales previos.

En el caso de la esquizofrenia, la presencia de síntomas positivos ha sido relacionada con historia previa de trauma (Hammersley et al., 2003; Hardy et al., 2005; Read et al., 2003; Shevlin et al., 2011). Un gran número de pacientes que han sufrido experiencias de abuso en la infancia presentan sintomatología positiva, como alucinaciones auditivas y visuales, ideación paranoide, inserción del pensamiento o ideas de referencia (Ross, Anderson y Clark, 1994). En muchos de estos estudios, el contenido de dichas alucinaciones se encontraba relacionado con el trauma sufrido previamente (Hardy et al., 2005; Heins, Gray y Tennant, 1990; Read et al., 2003; Read, Bentall y Fosse, 2009).

Por lo que se refiere al tipo de maltrato, si bien es cierto que la mayoría de los estudios se han centrado en el análisis de la relación entre abuso sexual y psicosis, al añadir otros tipos de maltrato como maltrato psicológico, negligencia o abandono y abusos físicos y al darles el mismo peso en el estudio, se apunta a una importante relación entre estas formas de maltrato y la psicosis. Así, varias investigaciones han encontrado que el maltrato psicológico es la experiencia traumática más frecuente referida por los pacientes con trastornos del espectro esquizofrénico (Álvarez et al., 2011; Margo y McLees, 1991; Muenzenmaier, Meyer, Struening y Ferber, 1993).

¿Cómo podemos intervenir?

Una de las intervenciones con mayor apoyo empírico para el tratamiento del trauma psicológico es La Técnica de Desensibilización y Reprocesamiento por Movimiento Ocular (EMDR) de Francine Shapiro. Para más información sobre esta técnica: EMDR

 

Artículos relacionados con el tema:

Relación entre trastornos psicóticos y experiencias traumáticas tempranas

Trauma infantil y trastornos psicóticos

 

Andrea Figar Álvarez

Psicóloga

Integración del Ciclo Vital


La Integración del Ciclo Vital utiliza el “puente emocional” para encontrar el recuerdo conectado con el problema actual. El cliente con su imaginación regresa a la escena del pasado llevando ahora consigo todo lo necesario para resolver el recuerdo. Una vez que el recuerdo está resuelto el terapeuta guía al cliente a través del tiempo hasta el presente, utilizando la Línea del Tiempo de imágenes de la vida del mismo. Esta línea demuestra al sistema cuerpo-mente que el tiempo ha pasado y que ahora la vida es diferente.

El viaje a través de la Línea del Tiempo desde la escena del pasado hasta el presente se repite de 3 a 8 veces (o más) durante la sesión. Cada repetición muestra una “película” ligeramente diferente. La vista panorámica que se obtiene de la vida de la persona está relacionada una nueva capacidad de comprensión.

Como vemos, esta técnica está hermanada con el EMDR, uno de los tratamientos con mayor eficacia para el Trastorno de Estrés Postraumático. Para leer más sobre EMDR: EMDR

integración del ciclo vital

El Protocolo de Integración del Ciclo Vital

Paso 1: Encontrar el Estado del Ego o Recuerdo Fuente más conectado con el problema actual a través de un Puente Emocional

Hablamos con el paciente de su problema actual para ayudarle a traer las sensaciones corporales asociadas a él. No hay que analizar el problema ni etiquetar las emociones. Etiquetar las emociones es una actividad cognitiva que distanciará al cliente de las sensaciones corporales.

Cuando se centra en las sensaciones corporales debe prestar atención a lo que le va surgiendo y atender al recuerdo del pasado que le viene a la mente.

Paso 2: Discusión del Recuerdo Fuente

Pídele que te hable del Recuerdo Fuente que ha surgido. Averigua qué edad tenía en él, qué ocurrió. ¿Qué es lo que sintió entonces? ¿Cómo interpretó lo que ocurrió? ¿Quién estaba allí para apoyar el Yo Infantil del cliente y para explicarle lo que había pasado?

Para impedir el desbordamiento emocional, la persona deberá mantener sus ojos abiertos, y permanecer en su estado del Yo Adulto al hablar del Recuerdo Fuente.

Paso 3: Traer al Yo Adulto a la escena del recuerdo

En esta paso de la Integración del Ciclo Vital, el cliente se centra en el Recuerdo Fuente siendo consciente de lo que siente en su cuerpo cuando habla de lo que pasó, lo recuerda, lo visualiza.

Se trae su Yo Adulto en la escena. No es necesario visualizar al Yo Adulto en la imagen, puede simplemente sentir su presencia en la escena.  Se le instruye para que le diga a su Yo Infantil en la escena, de forma interna y silenciosa: “Hola, soy tu Yo Adulto y he venido a tiempo para ayudarte”

Paso 4: Llevar al Estado del Ego Infantil a un lugar tranquilo

Se lleva al Yo infantil a un lugar tranquilo donde puedan relajarse, jugar juntos y hablar. Pídele que te identifique cuando el yo adulto y el niño/a estén allí.

El lugar tranquilo puede ser un lugar en que la niño/a se pueda relajar, en el que la niño/a y el/la adulto puedan conversar de forma confortable. El lugar puede estar en el pasado o ser imaginario.

Paso 5: La Conversación Interna en la Integración del Ciclo Vital

Se proporciona información actualizada al Estado del Ego Infantil. Una vez que han alcanzado un lugar tranquilo, la terapeuta instruye al Yo Adulto para que le diga al Estado del Ego Infantil con palabras que un niño de esa edad pueda entender:

Dile a tu yo niño/a que _____ ocurrió hace mucho tiempo y ya pasó. Dile que _____ no fue su culpa y que tú sabes que no había nada que pudiera hacer para impedirlo. Dile que no hay nada de malo en él/ella. Que no es una mala persona”.

La terapeuta guía al cliente adulto para que le cuente al estado del ego infantil la historia que ocurrió de una forma que ayude al niño a comprender el suceso.

Paso 6: La integración neuronal se da a través de las repeticiones de la Línea del Tiempo de imágenes y recuerdos cronológicos

En este paso de la Integración del Ciclo Vital el terapeuta instruye al cliente para que le diga al Yo Infantil que el niño vive ahora con el adulto porque él es una parte importante del mismo y el niño ya no está solo nunca más.

El Yo Adulto del cliente le dice al niño que le va a mostrar con imágenes cómo ha crecido y se ha convertido en el Yo Adulto a través de la Línea del Tiempo previamente construida.

Con la Línea del Tiempo la meta para conseguir la integración, es lograr que la persona avance hacia una asociación de recuerdos más libre, según avanza a lo largo de su vida, año tras año. Para realizarla, terapeuta y paciente avanzan por la vida de éste desde recuerdos más tempranos hasta el presente. El cliente intenta pensar un recuerdo por cada año de vida y el terapeuta los anota. Deberían incluirse los hechos importantes como muertes de figuras de apego, amigos o hermanos, matrimonios, divorcios y nacimientos.

El terapeuta lee el recuerdo al cliente, comenzando con el recuerdo escrito en el año inmediatamente posterior al año en el que ocurrió el trauma.

Los recuerdos de tipo traumático siempre surgirán primero y son integrados antes durante el proceso de Integración del Ciclo Vital.

El procesamiento no está completado hasta que los recuerdos positivos asociados empiezan a ser integrados. Esto ocurrirá de forma espontánea si al cliente se le permite hacer suficientes repeticiones de los pasos 3 al 7.

Paso 7: Se trae al Yo Infantil al presente

Cuando el cliente alcanza la imagen del recuerdo de su edad actual, el terapeuta le instruye para llevar al Yo Infantil a su casa y mostrársela (la casa donde el cliente adulto viva actualmente).

Le da tiempo para decirle a su Yo Infantil en el presente cualquier cosa que le gustaría decirle. El terapeuta hace que el cliente le pregunte a su Yo Infantil si tiene alguna pregunta o preocupación. El cliente adulto responde las preguntas del niño. Regresa al paso 3 y repite los pasos del 3 al 7, otra vez.

Paso 8: Revisión del Recuerdo Fuente

El terapeuta le pide al cliente que otra vez vea la escena del pasado y que sea consciente de lo que siente en su cuerpo al ver la escena del recuerdo fuente. Si la integración está completada, las sensaciones en el cuerpo del cliente serán neutrales o de calma.

Si el cliente informa de que todavía siente malestar en su cuerpo al volver al recuerdo fuente, vuelve al paso 3 y repite los pasos del 3 al 7.

Paso 9: Revisión del Problema actual

Si el Recuerdo Fuente está limpio al revisarlo en el paso 8, el terapeuta hace que el cliente revise el problema actual.

 

Para más información sobre esta técnica: ICV

 

Andrea Figar Álvarez

Psicóloga

AUTOCUIDADO SANO: ELEMENTOS, DESARROLLO E INTERVENCIÓN


Autocuidado: ¿qué elementos incluye?

El autocuiado sano tiene tres elementos diferentes:

  1. Una actitud o estado mental de valorar y querer al self lo que implica mejor autocuidado
  2. No pelear con uno mismo
  3. Desarrollar acciones específicas que aporten beneficios, crecimiento o valor al individuo

autocuidado

¿Cómo se desarrolla el autocuidado?

Los niños necesitan validación adulta de todas sus experiencias, para poder aceptarlas compasivamente, aprender de ellas e integrar toda la experiencia de cara a expandir su sentido del self. Esta capacidad para aceptar compasivamente todos los elementos de la propia experiencia se relaciona con otros aspectos de la salud mental, como es la autocompasión, fuertemente relacionada con el funcionamiento saludable en las relaciones interpersonales y también con un mejor autocuidado.

La idea central es que el niño internaliza las experiencias tempranas con sus cuidadores: se ven a sí mismos del mismo modo en que son vistos por los adultos que valoran. El modo en que han sido tratados configura su forma de entender qué es el autocuidado.

El apego seguro es tanto realista como optimista. El progenitor suficientemente bueno puede ver los errores que el niño comete, corrigiéndolos en un estilo positivo, sin minimización o negación lo que dirige al niño a un autocuidado sano.

autocuidado

¿Por qué no desarrollamos un autocuidado sano?

Si la experiencia interna del niño, sobre todo sus emociones, no son reconocidas por un cuidador, o si son incluso castigadas, el niño aprenderá a imitar e internalizar las actitudes negativas del adulto.

Cuando el progenitor castiga o ignora los sentimientos, pensamientos o conductas del niño, de un modo egoísta y no cariñoso, el niño internaliza la respuesta del adulto cuidador, incluso a expensas de sus propias necesidades, a fin de mantener la conexión especial con el cuidador.

Un concepto negativo internalizado del self puede entrar en conflicto, dentro del niño, con la necesidad de valorar el self, generándose sentimientos crónicos de inseguridad, especialmente en presencia de otra gente.

Esto puede verse desde la perspectiva del apego inseguro, llevando a la formación de un sentido inadecuado de autoconfianza, autonomía y eficacia o desde la perspectiva de la disociación estructural como la desactivación y desorganización de los sistemas de acción para el autocuidado.

La negligencia y trauma tempranos alteran el modo en el que las personas cuidan de sí mismas. Muchos aprendieron que necesitar era “malo”, que era egoísta y no estaba permitido.

¿Cómo podemos intervenir en casos de un deficiente autocuidado?

Antes de que los pacientes puedan resolver de modo efectivo los recuerdos debidos a actos traumáticos que han llevado a un autocuidado disfuncional, tienen primero que tener o desarrollar ciertas capacidades respecto a sí mismos, incluyendo:

  1. Mirarse a uno mismo con “los mejores ojos posibles”: con toda la empatía, el cariño y la fidelidad que la frase implica. El individuo debe tratarse a sí mismo de la misma manera que trataría a la persona que más quiere. Se relaciona con la “aceptación radical” de uno mismo.
  2. Mirarse a uno mismo con “ojos realistas”: capacidad para ser realista (sobre pasado, presente y futuro); empático y respetuoso hacia los demás y ser capaz de reconocer los fallos y errores propios.
  3. Reconocer y validar las propias necesidades: significa ser consciente de nuestras necesidades, basándonos en las sensaciones más elementales. Un niño que crece siendo ignorado o avergonzado en las necesidades emocionales y físicas básicas, carece de una discriminación clara entre distintas sensaciones y necesidades, y como adulto, puede sentir sólo un malestar indefinido, que no puede identificar como una necesidad específica.
  4. Protegernos de modo adecuado, es decir, establecer y entender la necesidad de límites: la psicoeducación y el desarrollo de modelos saludables para los límites interpersonales ha de introducirse y reforzarse a lo largo del tiempo. Pueden llevar a la aceptación de la creencia soy capaz de decir no cuando siento que es no, con total respeto por mí mismo y por la otra persona.
  5. Alcanzar un equilibrio entre nuestras necesidades y las de los demás: los pacientes que no detectan o no dan importancia a sus necesidades, pueden focalizarse en las de los demás. Una tendencia impulsiva de búsqueda de una necesidad, pone a esas necesidades a cargo de nuestras decisiones.

Una de las intervenciones con más apoyo empírico en el tratamiento del trauma psicológico es el EMDR. Para más información: EMDR

 

Andrea Figar Álvarez

Psicóloga

Trastorno del Espectro Autista


Clasificación del Trastorno del Espectro Autista: DSM- IV- TR vs. DSM 5.

El Trastorno del Espectro Autista está clasificado en la última edición del DSM-5 dentro de los Trastornos del Neurodesarrollo. Estos son un grupo de afecciones con inicio en el período de desarrollo, a menudo comienzan antes de que el niño/a comience la escuela primaria, y están caracterizados por un déficit en el desarrollo que produce dificultades en el funcionamiento social, personal, académico u ocupacional. Varía desde limitaciones muy específicas del aprendizaje o del control de funciones ejecutivas hasta deficiencias globales de las habilidades sociales e inteligencia.

trastorno del espectro autista

La anterior edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, el DSM- IV-TR englobaba dentro de los Trastornos Generalizados del Desarrollo los siguientes:

– Trastorno Autista (Autismo de Kanner)

– Trastorno de Rett

– Trastorno de Asperger (Autismo de Alto Funcionamiento): suelen diferenciarse del Autismo de Kanner en que aquí aparece lenguaje formal aunque pueda haber un uso poco funcional o adaptativo. Además, la discapacidad intelectual está presente en menor medida.

– Trastorno Desintegrativo Infantil

– Trastorno Generalizado Del Desarrollo No Especificado

Con la llegada del DSM-5 diferenciamos entre los anteriores con especificaciones que el clínico añade al diagnóstico.

Características diagnósticas del Trastorno del Espectro Autista

El Trastorno del Espectro Autista se caracteriza por déficits persistentes en la comunicación y la interacción social en múltiples contextos, incluidos la reciprocidad social, comportamientos comunicativos no verbales usados para la interacción social y habilidades para desarrollar, mantener y entender las relaciones. Además, se requiere la presencia de patrones de comportamiento, intereses o actividades de tipo restrictivo o repetitivo. Las manifestaciones del trastorno varían mucho en función de la gravedad de la afección, nivel del desarrollo y edad cronológica.

Comunicación e interacción social

Los deterioros en la comunicación e interacción social son generalizados y prolongados. Muchos tienen deficiencias lingüísticas que varían entre la ausencia completa del habla hasta la escasa comprensión de los demás, la ecolalia o el lenguaje poco natural y demasiado literal. A pesar de que las características del lenguaje formales pueden estar intactas, como el vocabulario o la gramática, el uso de éste puede estar deteriorado. El lenguaje muchas veces es unilateral, carente de reciprocidad social y se utiliza más para pedir o clasificar que para compartir experiencias.

Muestran déficit en reciprocidad emocional, es decir, deficiencias en la capacidad para interactuar con otros y compartir pensamientos o sentimientos. Pocas o ninguna vez inician la interacción social y no comparten emociones.

Las deficiencias en los comportamientos comunicativos no verbales son evidentes por un contacto ocular, gestos o expresiones faciales, orientación corporal o una entonación de la voz que están disminuidos o ausentes, o son atípicos.

Una de las características que aparece de forma temprana es la alteración de la atención compartida puesta de manifiesto en la dificultad para señalar con las manos o para mostrar objetos cuyo interés pueda compartirse con otros o la incapacidad para seguir cómo otro señala con las manos o dirige la mirada.

Puede haber un interés social ausente, reducido o atípico, manifestado por el rechazo a las otras personas, pasividad o un trato inapropiado (agresivo o destructivo). Muchas veces estos niños muestran falta de juegos sociales y de imaginación compartidos.

Con el objetivo de mejorar la comunicación interpersonal e intrapersonal es interesante trabajar la Inteligencia Emocional en el niño o adulto autista (leer más sobre Inteligencia Emocional: Inteligencia Emocional).

Concretamente, con la Comunicación No Violenta mejoramos la gestión, expresión y comprensión de las emociones y la comunicación interpersonal (leer más sobre la Comunicación No Violenta: CNV).

Patrones de comportamiento, intereses o actividades restringidas o repetitivas

El trastorno del espectro autista también se define por patrones de comportamiento, intereses o actividades restringidas o repetitivas. Entre ellos están las esterotipias motoras simples como el aleteo de manos o movimiento rápido de dedos; el uso repetitivo de objetos y habla repetitiva.

trastorno del espectro autista

La excesiva inflexibilidad de las rutinas y patrones de comportamiento restringidos se pueden manifestar como una resistencia a los cambios (por ejemplo, insistencia en seguir reglas) o patrones de comportamiento verbal o no verbal ritualizados (por ejemplo, preguntas repetitivas). Son frecuentes las reacciones extremas y los rituales relacionados con el sabor, olor, textura o apariencia de los alimentos, y las restricciones alimentarias excesivas.

¿Cómo podemos detectar el Trastorno del Espectro Autista?

Los primeros síntomas del trastorno del espectro autista implican frecuentemente un retraso en el desarrollo del lenguaje, acompañado por falta de interés social (por ejemplo, llevar a alguien de la mano sin intentar mirarle), patrones de juego extraños (por ejemplo, llevar juguetes de un lado a otro sin jugar con ellos) y patrones de comunicación inusuales (por ejemplo, saber el alfabeto pero no responder a su propio nombre).

Los síntomas se reconocen normalmente durante el segundo año de vida (12-24 meses de edad), pero se pueden observar antes de los 12 meses si los retrasos del desarrollo son grave.

Échale un vistazo al “Viaje de María”: El Viaje de María

 

Andrea Figar Álvarez

Psicóloga

TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA Y APEGO


Trastornos de la conducta alimentaria y apego

En el contexto de los trastornos de la conducta alimentaria el papel del apego se incluye como una pieza importante aunque no única dentro de los múltiples factores que los explican.

Los trastornos de la conducta alimentaria y de la ingesta de alimentos se caracterizan por un desorden persistente en la alimentación o en el comportamiento relacionado con ella que lleva a una alteración en el consumo o en la absorción de los alimentos y que causa un deterioro significativo de la salud física o del funcionamiento psicosocial.

Un estilo de apego caracterizado por la sobreprotección o la separación de la figura de referencia, podría ser un factor que influiría en el posterior desarrollo de un trastorno de la conducta alimentaria.

Esta patología surgiría como una reacción a las dificultades en el vínculo y a la vivencia de impotencia, desplazando el conflicto al cuerpo y ejerciendo control sobre él a partir de los comportamientos alimentarios.

Se ha conceptualizado el apego inseguro como una variable transdiagnóstica que aumenta el riesgo general de padecer un trastorno de la conducta alimentaria. Las personas que lo presentan muestran mayores niveles de apego inseguro y estados mentales desorganizados.

El temor al rechazo y al abandono, característico del apego inseguro, correlaciona con las preocupaciones por el peso, dietas y miedo a engordar, sintomatología bulímica y la insatisfacción corporal. En la misma dirección, se ha visto en adultos una relación entre apego y patología alimentaria, tanto en población clínica como no clínica.

trastornos de la conducta alimentaria

¿En qué tipo de familias suelen aparecen los trastornos de la conducta alimentaria?

Existen varios estudios que estudian el funcionamiento familiar y los trastornos de alimentación y se ha visto que existe relación entre estos trastornos y familias poco cohesionadas, poco expresivas y con tendencia a ser poco favorecedoras con respecto al crecimiento personal del hijo.

Así, la negativa a comer puede surgir como una forma de protesta contra una familia que limita el desarrollo e independencia del sujeto, siendo una forma de autoafirmarse y definirse como independiente del ambiente familiar y convirtiéndose el hecho de estar delgado como base para la autoafirmación y poder de negativa ante la intromisión y demanda materna, especialmente en familias sobreimplicadas afectivamente o sobreprotectoras que no dejan espacio para el desarrollo personal de sus miembros.

Las familias donde aparecen trastornos de la conducta alimentaria también se caracterizan tanto por la tendencia a evitar los conflictos y por la sobreprotección como por la dificultad de los padres para asumir el liderazgo dentro de la familia.

¿Existen experiencias traumáticas en los trastornos de la conducta alimentaria?

Los estudios que han investigado la relación entre apego con trastornos de la conducta alimentaria coinciden en encontrar una elevada frecuencia de traumas y pérdidas no elaboradas.

Específicamente, el abuso sexual y sobre todo el abuso físico se han visto relacionados con la distorsión de la imagen corporal, pudiendo entenderse como un mecanismo disociativo ante el trauma.

Para el tratamiento del trauma existen diferentes intervenciones, siendo el EMDR una de las que presentan mayor apoyo empírico y mayor eficacia (leer más sobre EMDR: Tratamiento EMDR )

De igual modo es frecuente la presencia de traumas o pérdidas no resueltas en los progenitores. Reduciría la capacidad para responder de forma sensible, contribuyendo a la transmisión transgeneracional del trauma.  Esta repetición transgeneracional no siempre es una repetición, sino que en ocasiones se convierte en un guión correctivo aplicado de forma rígida e inflexible por padres que intentan una relación más cálida con sus hijos pero carecen de experiencias emocionales de su propia infancia para contener determinadas crisis.

Una de las intervenciones de mayor eficacia para mejorar la calidad de la comunicación interpersonal y con ella la expresión de emociones e intimidad es la Comunicación No Violenta (leer más sobre la comunicación no violenta: Comunicación no violenta )

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Bulimia Nerviosa

Anorexia Nerviosa

Referencias bibliográficas:

Apego y trastornos alimentarios

 

Andrea Figar Álvarez

Psicóloga

La teoría del apego (John Bowlby)


La teoría del apego (John Bowlby, 1958)

Definición de apego

La teoría del apego lo define como el lazo afectivo que une al niño y una figura específica que se expresa en la tendencia estable a mantener la proximidad y cuya vertiente subjetiva es la sensación de seguridad. Incluye el patrón habitual de expectativas, necesidades, emociones y comportamientos en interacciones interpersonales.

En función de las respuestas de los cuidadores a las conductas de apego, los niños van construyendo esquemas de las relaciones constituidos por las expectativas acerca de la disponibilidad de la figura principal de apego y por la representación de uno mismo como merecedor o no de cuidados.

Estos esquemas de apego pueden resultar desadaptativos cuando dificultan la búsqueda y el aprovechamiento de las relaciones interpersonales.

La calidad del vínculo, la respuesta sensible consistente de las figuras de apego a las necesidades del niño, será un factor determinante para el desarrollo de la personalidad y para la generación de los patrones de relación interpersonal a lo largo de la vida.

Tipos de apego en la infancia

La teoría del apego describe cuatro tipos:

Apego seguro: se caracterizan por el predominio de una valoración positiva de sí mismo y por la capacidad de percibir a los otros como personas en quien confiar, accesibles y sensibles a las propias necesidades. Tienen relaciones abiertas, productivas y flexibles, favoreciendo un funcionamiento psicosocial saludable.

Entre los tres y cinco años, por lo general, los niños con apego seguro son más curiosos, competentes, empáticos, resilientes y seguros, se llevan mejor con otros niños y forman amistades más estrechas que niños con apego inseguro.

En la niñez media y adolescencia, los niños con apego seguro suelen formar amistades más estrechas y más estables y mostrar un buen ajuste. Además, presentan niveles más bajos de psicopatología.

El apego seguro en la infancia se relaciona con mayor calidad de relaciones románticas en la edad adulta.

Apego inseguro evitativo: se caracterizan por la infravaloración de las relaciones de apego, poca confianza en los miembros de la familia y patrones de relación que incluyen idealización, rechazo o indiferencia hacia las figuras de apego.

Suelen ser personas autosuficientes e independientes que tienden a controlar sus emociones y a evitar la intimidad. Presentan una visión positiva de sí mismos. Además, muestran niveles más altos de psicopatología.

Apego inseguro ambivalente: se caracterizan por valorar sus relaciones de apego, aunque expresan temor a ser abandonados y tienen escasa autonomía. Las relaciones incluyen algún tipo de rechazo o interferencia de sus padres. Presentan mayor riesgo de psicopatología.

Apego inseguro desorganizado: se caracterizan por ser incapaces de mantener una estrategia de apego coherente. Parecen carecer de herramientas para lidiar con el estrés. De igual modo, muestran mayor riesgo de psicopatología.

Consecuencias del apego a largo plazo

Tal como propone la teoría del apego, la seguridad del mismo parece influir en la competencia emocional, social y cognoscitiva presente y futura. Cuanto más seguro sea el apego de un niño con un adulto, más probable será que desarrolle buenas relaciones con los otros.

Es importante tener presente el carácter preventivo de las intervenciones que puedan modificar estilos de apego inseguros, ya que se transmite de forma intergeneracional: la imagen de uno mismo y de los demás que tienen los progenitores influye en la percepción de sus hijos, en la manera de tratarlos y en la calidad de sus respuestas a las demandas de atención y cuidado.

Por tanto, si los progenitores establecen un apego inseguro con sus hijos puede surgir la probabilidad de maltrato o forma abusiva de comportamiento hacia los infantes, aumentando el riesgo de experiencias traumáticas.

En relación a las experiencias traumáticas, uno de los tratamientos actuales con mayor evidencia empírica es el EMDR (leer más sobre EMDR: http://www.akapsico.com/emdr/ )

la teoria del apego

¿Te ha interesado el tema? Más información aquí: El apego

Andrea Figar Álvarez

Psicóloga

Violencia intergeneracional


Violencia intergeneracional

“La violencia intergeneracional es todo acto u omisión sobrevenido en el marco familiar por obra de uno de sus componentes que atente contra la vida, la integridad corporal, psíquica, emocional o sexual, la libertad de otro componente de la misma familia o que amenace gravemente el desarrollo de su personalidad”.
Existen variables que se asocian a la violencia familiar como son la edad y el sexo de la víctima, siendo los más vulnerables los niños, adolescentes, mujeres y ancianos.

Atendiendo a Echeburúa y cols. (1998), los comportamientos violentos que se producen en el hogar familiar son resultado de la interacción entre un estado emocional intenso de ira, actitudes de hostilidad, déficit en habilidades de comunicación y solución de conflictos, factores precipitantes como el estrés diario y la percepción de vulnerabilidad de la víctima.

Una de las intervenciones más recomendadas para mejorar la calidad de la comunicación familiar y  prevenir la violencia y el maltrato interpersonal es la Comunicación No Violenta (leer más sobre comunicación no violenta: http://www.akapsico.com/category/comunicacion-no-violenta/ )

Los datos del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad (2011) en el “Informe sobre el maltrato infantil en la familia en España”, ofrecen como conclusión una relación positiva entre padecer maltrato en la infancia y ser maltratador/a en la edad adulta.

Teoría del aprendizaje social (Bandura, 1986)

Esta teoría sostiene que la mayor parte del aprendizaje humano se produce por la observación que realizamos sobre las conductas de otras personas, actuando como modelos conductuales. De este modo, se explica la transmisión de la violencia intergeneracional a través de la observación de la misma, de padres a hijos.

Existe una relación entre la experiencia de violencia sufrida y la perpetuación del maltrato en generaciones posteriores. Parece que aquellas personas que en su día fueron objeto de maltrato o que lo habían observado en su entorno por parte de sus padres manifestaban, cuando llegaban a adultos, unos comportamientos similares con sus propios hijos.

Además de de desarrollar una conducta violenta, los niños/as que han vivido en estos hogares sufren el riesgo de desarrollar Estrés Postraumático y una serie de desequilibrios psicológicos como Depresión y Ansiedad o Trastornos del Comportamiento.

Pero que existan estas relaciones no implica que no se pueda evitar que se dé. Si se trata el trauma vivido por el adulto cuando era niño, se reduce el riesgo de que este maltrate a su hijo. De esta manera, es posible solucionar un trastorno psíquico en el adulto (estrés postraumático, depresión, etc.) y evitar que el niño o la niña reciban maltrato y así, vamos cortando la violencia intergeneracional. Para este fin existen diversos sistemas terapéuticos, siendo el EMDR una de las intervenciones con mayor apoyo empírico y más eficaces (leer más sobre EMDR: http://www.akapsico.com/category/emdr-tic/ )

violencia intergeneracional

 

Para leer más sobre el tema:

La teoría del aprendizaje social como modelo explicativo del maltrato

 

Andrea Figar Álvarez

Psicóloga

 

Biofeedback HRV y Coherencia Cardíaca para Prevenir el TEPT


Un Entrenamiento con Biofeedback HRV y Coherencia Cardíaca para Prevenir el TEPT puede ser una estrategia útil, eficaz y relativamente fácil de implementar.

El Desarrollo de la Resiliencia que se consigue con el entrenamiento y práctica diaria de las Técnicas de Coherencia Cardíaca y el apoyo de los Biofeedback HRV (Variabilidad de la Frecuencia Cardiaca) puede reducir los síntomas del Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).

Se trataría, por tanto, de una estrategia preventiva, ya que el entrenamiento lo llevarían a cabo personas sanas antes de que hubieran desarrollado el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).biofeedback coherencia cardiaca

Se ha encontrado una menor Variabilidad de la Frecuencia Cardíaca (HRV) en personas diagnosticadas de TEPT.

Una menor HRV también se asocia con Estrés Psicológico.

Una mayor HRV se asocia con interacciones sociales más positivas y con una mayor Resiliencia. Por tanto, un entrenamiento en Coherencia Cardíaca con Biofeedback HRV, que incrementa la Resiliencia Psicológica y la flexibilidad autonómica, puede incrementar la capacidad del individuo para adaptarse a los cambios y las demandas ambientales, así como a optimizar sus funciones ejecutivas.

Así lo indica un estudio reciente, llevado a cabo en 2018, con militares de la Guardia Nacional estadounidense.

Puedes leer el resumen del artículo traducido al castellano y el estudio íntegro en inglés aquí:

Entrenamiento en HRV y Reestructuracion Cognitiva para Prevenir TEPT

 

Más sobre Coherencia Cardíaca y Biofeedback HRV:

http://www.akapsico.com/category/coherencia-cardiaca/

 

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