La motivación de poder y los procesos de influencia

La motivación de poder se manifiesta por el deseo de influir en el otro, por intentar que el otro modifique su manera de pensar, de actuar, de ser, debido a que estamos ante él, a que le decimos o hacemos tal o cual cosa. Cuando nuestra motivación de poder es alta y, sin embargo, no percibimos esa influencia sobre el otro, nos sentimos frustrados, hundidos, insignificantes. No importa cómo queramos influir sobre los demás. Ya intentemos ayudar o pervertir, organizar o chantajear, si nuestra motivación es alta y no lo conseguimos, entonces nos sentiremos frustrados. Y la frustración sostenida, mantenida durante un tiempo, genera sufrimiento, un sufrimiento que, inevitablemente, lleva a peores niveles de bienestar y de salud.

Pero la motivación de poder nace del ego. Y el ego mismo es ignorancia. La motivación de poder e influencia nace de la ignorancia.

 En el momento que comprendemos que la influencia, antes que una motivación, es una característica intrínseca de la existencia, que de la misma manera que respiran las células de nuestro organismo por debajo de nuestra consciencia, así influyen nuestros actos más allá de nuestra percepción, que no hay opción a no influir, entonces la motivación de poder pierde su encanto y su atracción, como la piedra que, lejos de ser preciosa y lucir tras una vitrina, es trasportada por toneladas y utilizada para rellenos. 

 

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